“El dolor de la Palta” Monólogo, por LAC

Hoy me acusan, estoy siendo condenada de manera injusta ¡desprovista de oportunidad y condición alguna de defenderme! ha desatado una batahola de expresiones y comentarios injuriosos respecto de mi persona y tan solo soy palta, nada más, han hecho memes de mí, me han inventado chistes he aparecido en un sinnúmero de imágenes burlescas, en los periódicos, tanto en Chile como en el extranjero y ya existen países que me han rechazado.

Me pregunto, es tan fácil tenerme en tan alta estima y luego azotarme con tamaña condena irrevocable… ¿Acaso nadie escucha mi versión, mi verdad?

En primer lugar, soy un inmigrante, llegué a Chile en el periodo de la conquista española, vivía feliz y natural en las selvas de Guatemala y México, siempre he necesitado de  mucha agua para crecer y ese no es un problema en mi lugar de origen. Como soy tan apetecible y atractiva, el hombre decidió tomarme, manipularme y derivarme a donde él le pareció (como suele actuar) entonces llegué a Chile, con mucho temor y desconcierto,  pues me di cuenta de inmediato que estas zonas no eran adecuadas para mí, sin embargo el hombre manipuló todo para que yo encajara en algunas tierras. Quiero confesar que jamás estuve contenta, pues una de las características admirables de la madre naturaleza es la solidaridad y cuando vi con horror cómo arrasaban con bosque nativo, con especies endémicas hermosas y únicas, ver cómo deforestaban para instalarme a mí, lógicamente me sentí una intrusa homicida, angustiada e incómoda, al darme cuenta de todas las irregularidades y desequilibrios que generaba mi presencia, pues no me sentía una invitada de honor, sino una sanguinaria foránea devastadora, que esclavizaba suelos fértiles… pero el hombre, a pesar de nuestros gritos, el grito del agua, que acusaba de ser desviada y robada… nada hacía remecer al hombre hambriento de avaricia y ambición,

Además  de solidarizar con nuestra madre, debo agregar que me siento utilizada y explotada, pues luego de usufructuar tanto conmigo, hoy me condenan y me sentencian a la horca…

Pues no me culpen a mí! Aquí existe un solo culpable y es el hombre, quien con sus ansias de poder, su irreverencia y su obesa soberbia, sin pensar en la vida del planeta y nuestra madre, asesina con sus manos ensangrentadas de dinero cada vida existente…

El Valle de Petorca era sano y fértil, fue destruido por la pobreza más abismante que posee el ser humano, esa pobreza de espíritu, capaz de secar y matar lo más bello… el egoísmo, la ambición y avaricia que ennegrecen el alma y corazón.

En mi defensa además debo sumar lo que más parte mi cuesco de dolor, es la indiferencia humana, la displicencia altanera y cegada… nadie, pero nadie se ha dolido, ni apiadado de la tierra, de su dolor y sufrimiento!

Debo confesar con el dolor de mi verde alma, que el ser humano me ha traicionado y decepcionado,  pues en vez de solidarizar con el duelo de la madre, solo velan por sus intereses, primero el bolsillo, al espantarse de lo  cara que soy y luego el agricultor a quien le han quitado el agua y después los ricos quienes se han llevado toda la riqueza… es decir, debo pensar:

Si se compartiera el dinero, el agua y me bajaran de precio ¿no existiría problema alguno?

Pues eso, es lo que me tiene con mucha angustia, que el ser humano cada vez está más ciego, mas deseoso de riqueza y poder y cada vez más alejado de la protección y cuidado del lugar donde vive… el planeta.

La madre tierra sabe que lo único valorable en un ser vivo es su capacidad de entrega, el aporte que cada ser viviente ofrece de manera incondicional y abnegada…

¿El dinero? El dinero no sirve…

De lo contrario observa el Valle de Petorca cómo agoniza y yo allí en medio sin poder cambiar nada…

¡No me culpen!

¡Cúlpenlo a él! A quien sin escrúpulos ha estrujado, vaciado, exterminado y asesinado la Tierra por ambición y codicia… por dinero.

Escrito por: LAC
Profesora de Lenguaje y Comunicación
Escritora Freelance.
Quintero, Chile

 

 

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